En los últimos años, organizaciones de derechos digitales y medios independientes en América Latina han documentado un patrón recurrente: contenidos de perfiles progresistas, sindicales y de movimientos sociales pierden alcance de forma abrupta en Meta (Facebook e Instagram), sin que la plataforma ofrezca una explicación clara sobre los criterios que activan esa reducción. Lo que para el usuario común aparece como una simple caída de “engagement” es, en realidad, el resultado de decisiones algorítmicas tomadas fuera de la región, bajo parámetros de moderación diseñados sin considerar los contextos políticos locales. La opacidad de estos sistemas no es un detalle técnico menor: es una forma de poder que decide, en la práctica, qué voces circulan y cuáles se apagan en silencio.
Este fenómeno se inscribe en una discusión más amplia sobre la soberanía informativa: ¿quién controla realmente el flujo de información política en nuestras sociedades cuando la infraestructura digital pertenece a un puñado de corporaciones con sede en el Norte global? Para Brecha, entender esta dinámica no es solo un ejercicio de denuncia, sino un punto de partida para pensar alternativas: desde la alfabetización mediática hasta la construcción de plataformas propias que no dependan de las reglas cambiantes —y muchas veces arbitrarias— de Silicon Valley.



